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domingo, 3 de julio de 2011

Historia de vida...


Hace una semana, me pidieron en un curso que tome, qué escribiera mi historia de vida... y fue un poco difícil sintetizar toda mi existencia. Pero me doy cuenta que hay cosas que han marcado mi andar... cosas que son en verdad la línea que marca la diferencia... así que transcribo lo que escribí.

A mis hermanas Carmen y Leticia...

Hacer una historia de vida, puede resultar muy cansado y poco objetiva, pues no sé qué decir, ni qué contar, ni a qué darle peso, ni qué es en realidad lo que ha hecho de mi lo que soy… Así que sólo puedo decir, qué crecí en una familia de 8 hijos, donde mis padres ante tal necesidad se preocuparon más por que tuviéramos ropa limpia, comida, casa y una buena educación, dejando de lado, el ¿Qué sientes?, ¿Qué quieres? y ¿A dónde vas?... No por maldad si no por lo que su historia de vida les permitieron.

Siendo el segundo de tres varones en medio de 5 mujeres, crecí como animalito, interesado en todo lo que me rodeaba y al mismo tiempo asustado de todo lo que percibía. Así que me hice de amigos que no existían y refugiado en las historias que me contaba la señorita María Luisa en los libros de la biblioteca de la primaria… llegué a la pubertad.

Aislado, ensimismado, envuelto en fantasías, añorando la complicidad de un ser alado, crecí soñando con imágenes enormes alrededor de mi cama. Crecí… y crecí fuera del seno familiar, cambiando toda la estructura de mi educación. Cambiando hasta mí nombre. Asumiendo el papel del varón que mi padre siempre me impuso, y con la honestidad y el coraje que esto obligaba. Abracé a una perrita que nombré "Libertad" y de ella me llegó un legado de seres con quien dormir hasta estos días, que por tardes enteras hundo mi cara entre ellos, mis perros, que siempre, siempre han estado junto a mí.

Y siguiendo siempre lo que sentí como el único camino que yo quería tomar, y para él que yo estaba hecho. El arte ha sido y es la única razón de mi existencia, y junto a ellos, mis perros, ha sido el paliativo a todas mis carencias a todos mis anhelos, y la única forma que entendí para demostrar el amor a los demás.

Pero en algún momento me perdí… en algún momento confundí y me enrolé en un desenfrenado frenesí por la carne, que como dice un amigo, “esta maldita necesidad” de mirarme en los ojos de los demás… me llevó a confundir las formas y perdí el control.

Con conciencia o sin ella, llegué a descubrir un día que mi cuerpo se agotaba, que perdía peso, que la vida se me iba y no encontraba la forma de asirla… Había llegado el “sub total” de la cuenta… con resignación asumí que me había ganado un premio que no quería. Y entonces, sólo hasta entonces, tomé responsabilidad de esa parte de mi vida que había dejado en los demás.

Hoy con los años de mi madurez y aun año de ser tocado por éste virus… asumo que amo la vida, que por encima de todo está la vida, que de verdad es un ¡regalo de Dios!.  Que la quiero vivir al máximo, con conciencia, con responsabilidad y con amor por ella. Que quiero cumplir 90 años pintando, con mis perros a mi lado. Siendo un viejo productivo, feliz de haber vívido todo esto que es la gran oportunidad de respirar, saldando mis cuentas, creciendo… amando y no hablo del amor que te produce jadeos, sino amando al de enfrente, así… a todo el que tenga enfrente, por cursi que parezca. Y sólo entonces un día dormido… deje de existir.

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