Este vídeo lo tuve guardado muchos meses y ahora lo comparto
En modelo en mi estudio
En modelo en mi estudio
Estoy por terminar las piezas de las tan sonadas exposiciones de fin de año, y el sentimiento es un fastidio por todo lo que hago y me rodea. No me rodea nada mas que las incertidumbre, el desaliento y una necesidad imperante de terminar con estas piezas, una soledad que me duele tanto como el frío de estos horribles dias de otoño que pegan en mi ventana.
El estudio esta lleno de cuadros por todos lados, lienzos óleos y pinturas terminadas... Las paredes y mis perros que siempre están conmigo. Libertad y Gilberto que me ven con su carita de niños tristes cuando en las mañana me voy al restaurante, que me miran con esos ojitos diciéndome que no estoy solo, que ellos están conmigo.
Sigo mirando en la ventana, para ver si regresa el Arcángel, no lo creo... era de paso... aunque no sepa él nunca, lo que provoco en mi.
Yo en el restaurante, leyendo mis correos y organizando las ventas.

En medio de mi busqueda personal, voy encontrando estas imagenes... se van tornando voluptuosas. Y aun sin tener concretamente lo que será y dirán,... está, acá. en mi caballete saliendo de mi mente.
Las imagenes estan complicadas en cuanto a la resolución de las piernas... mucho de ello lo estoy intuyendo, no tengo al modelo en frente y bueno, tengo fe en que lo resolveré, gratamente.










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(perdón por la expresión) , creído, y divo.
Esta dependencia de la tecnología que me obliga a conectarme con el mundo. Buscar urgido si tengo algún e-mail, de algún despistado que me este saludando. y no ver mas que la estúpida publicidad que no se como borrar, donde me venden Viagra, ¿será que me saben algo? Ahi me siento a tomar lo que me haya servido, a leer lo que me escriben o a buscar alguna noticia que me atrape. A mira en la red buscando con vehemencia entre una oferta de carnes y rostros, una conversación con un extraño que me permita salir de mi cuerpo... pensando que estoy tomando cafe y charlando amenamente en un jardín bajo una sombrilla con mis perros. Los perros, Libertad y Gilberto están en la cama aún, dormitando: Gilberto, me mira por el rabillo del ojo, no sea que me desaparezca y el no se de cuenta. Libertad bajo el edredón duerme, sólo eso, ya la edad sólo eso le provoca dormir. Sigo en calzones y me paro frente al caballete, -¡Dios!, ¿qué hice anoche?... ¿dónde me perdí?- y sigo en lo de la noche anterior, sólo hasta que se me ocurra meter el calentador al balde de agua y esperar a que este lista para bañarme.
e estiran tan rico como solo los perros saben hacerlo... mueven la cola, y los bajo de la cama. Gilberto enloquece de gusto, de un nuevo día, pareciera que para el es una nueva aventura, salir al parque, sentir el aroma de la calle. Libertad inevitablemente se acerca a la ventana abierta, y husmea... busca , no sé qué, pero toda la vida ha hecho lo mismo. Eso es una rutina, no lo que dicen los humanos. Les pongo la correa y me cubro la cabeza, creencias religiosas me obligan... y salimos al parque. Hasta ahí, es casi la una de la tarde... y yo... con un jugo de naranja. Esa es mi mañana con mis perros y con mis fantasías... esa es mi vida en estos días... encerrado en casa... con mi vida aburrida y mis hijos, Libertad y Gilberto. Y al regresar, comienza la batalla entre la realidad, la que me dice todos los pendientes, todos los pagos por hacer, todo lo que debo hacer para prepararme de comer y la fantasía que me provoca unas inmensas ganas, de que un Legatus de lo que pinto, venga y me abrace con sus alas inmensas y me diga al oído... -que todo esta bien, que Libertad, Gilberto y yo, estaremos bien... que siga pintando, que no escuche mas que esas voces que me cantan... que no piense en nada mas, que en la maravilla de mi inconsciencia y mi mundo... 










Los límites terminan donde comienza el dolor, el desgarro, y la pintura de Mijangos es demasiado inquietante para atrapar su esencia en una única palabra, aunque esta palabra sea
dolor y padecerlo constituya uno de los mayores terrores, sino el mayor, del hombre. Aceptamos la muerte, pero no aceptamos el dolor. Podemos aceptar, asumir, una enfermedad devastadora, pero siempre suplicamos en secreto que ésta huésped silenciosa que se roba a diario trozos de nuestro cuerpo, y de nuestra vida, ésta depredadora críptica, lo haga de manera indolora, preferiblemente cuando dormimos, o de forma brusca, con una breve y sorprendente sacudida. Preferimos el exterminio al dolor. Pero el dolor es inevitable, como el amor, como el parto, sea de una criatura o de una obra. En ocasiones, sufrimiento y creación artística van de la mano. Sólo los necios huyen del dolor. Sólo los cortos de espíritu sueñan con alcanzar la felicidad, o la dicha, o la tranquilidad, sin haber apurado antes una generosa ración de angustia. Pero no hablamos de un necio, hablamos de un artista inquietante que da el espaldarazo a la comercialización y fluye en soledad con sus imágenes, aunque esta soledad no significa abandono, ni olvido. Poco a poco, a pincelazos, Mijangos se impone en el panorama cultural de su país y su nombre es pronunciado con respeto en algunos sectores artísticos, con respeto y en voz baja. El nombre de Darío Mijangos turba y abre el filón a la imaginación, y este nombre aparece al pie de unos lienzos que rinden un merecido homenaje a algunos grandes de la pintura mexicana; Frida Kahlo, Manuel Lozano, Diego Rivera. No es fácil homenajear al color desde el color, porque México es colorido, contraste. Acercarse a la obra de Darío Mijangos significa entrar en una casa de espejos que reproduce al infinito figuras calvas, ángeles desdibujados, perros aztecas que alguna vez fueron comidos y que en la antigua tradición acompañaban a los muertos en su viaje definitivo, madonas con aire cinematográfico, flores, pisos cuadriculados, corazones traspasados… es también acercarse a los fondos brumosos, a la desnudez masculina, si es que estas figuras lo son, pues Darío absorbe visceralmente el concepto de que el alma no es ni hombre ni mujer, y va más allá, sólo cuando abandonemos los prejuicios de una formación judeo-cristiana, y creo que en esto radica uno de los grandes aciertos de su obra plástica, alcanzaremos la tranquilidad; el cuerpo es hermosos, incluso vulnerado, y merece ser expuesto a las tentaciones, el cuerpo mismo es tentación y lo tentador espanta. Los poderosos temen a la desnudez como temen a la risa. El cuerpo desnudo es peligroso, es frágil, susceptible de ser traspasado con una flecha o una palabra. Darío entroniza la fragilidad imponiéndola sobre siglos de machismo latinoamericano, sobre centurias de prejuicios. La iconografía cristiana, presente a lo largo y ancho de la obra del pintor, enfatiza el concepto represivo, y crítico de su obra, aportando un referente claro y clave para establecer la comunicación inmediata con las criaturas que pueblan soledades y neblinas. Mijangos no intenta desdecir el símbolo, lo presenta tal y como lo conocemos, la aureola es aureola y el sufriente corazón, ¡ah, ese corazón en el nombre del cual se han cometido tantas atrocidades, o tantos actos heroicos, y a la vuelta de los años la historia demuestra que el heroísmo puede constituir un lastre fatal!, es corazón recordado y reverenciado, sólo que esta vez no lo fija en la imaginería tradicional; el corazón no duele ni en Jesús ni en María, aquí apuntamos un matiz, ¿acaso todos los seres humanos, todos los hombres y mujeres de la tierra, no somos en algún momento Jesús y María?, duele en cualquier parte, algunas veces tatuado en el cuerpo de unos mestizos que exhiben su desnudez con impudicia demoníaca. Hay algo de lo griego en este concepto, algo de esas primeras imágenes arcaicas que retaban con su desnudez a la imaginación más solvente. Alguien hablaba de evocación del martirologio cristiano. Me atrevería a afirmar que Darío Mijangos no sólo evoca la agonía y resignación de los cristianos, sería demasiado fácil, demasiado cómodo para un artista tan inquieto, evoca el martirio a lo largo de toda la historia, evoca también la resignación. Su pintura es dolorosa y atemporal, de ahí que se amalgamen los referentes tanto paganos como cristianos, ¿qué son sino esos perros pelones de mirada triste, no son acaso los Xoloitzcuintlis que los aztecas consideraban un exquisito manjar y que acompañaban a los difuntos en el viaje al más allá? Hay algo de clasicismo desenterrado en la pintura de Mijangos, de necesidad de retorno a un mundo en el que el hombre era el centro de universo a pesar de los dioses. Eros y Thanatos juegan el juego de las apariencias quedando en tablas. La vida y la muerte se dan la mano, también la santidad y lo demónico, la luz y la sombra, el sueño y la pesadilla, los viejos dioses sanguinarios y los blancos santos cristianos teñidos de sangre.
Ya se impone ver. Podemos llenar cuartillas de reflexiones, apuntes, citas y frases más o menos acertadas, pero serán sólo eso, frases. La pintura habla desde su silencio. No es necesario convencer al espectador con un puñado de palabras inútiles. La forma y el color harán lo suyo por encima del raciocinio. Para eso existen los pintores; ellos, como los músicos, suelen demostrarnos el fracaso de las palabras para atrapar las pulsaciones secretas de la sangre y los inminentes reclamos de la carne que anhela ser poseída, y, ¿por qué no?, martirizada.
Raúl Alfonso.
“El espejo del perro" Revista de arte y literatura No. 8.
Madrid, España.
primer cuadro que hice de ellos fue el de su boda, que estaban vivos aun, la verdad es
bastante malo, y lo curioso es que después de que ellos murieron, el retrato que hice de ellos fue mucho mas fiel. 
evocación de su imagen... curiosamente cuando estuvo en cama en el
hospital, le hice un apunte, violando su intimidad y su enfermedad pero no pude resistirme ano hacerlo.
el mismo trabajando en su torno. asi lo recuerdo, como un hombre muy trabajador... que vivió hasta sus ultimas consecuencias...Y porque finalmente, soy lo que el me enseño a ser, honesto, consecuente, responsable y disciplinado a pesar de el mismo... recuerdo cuando me dijo que porque tenia que hablar de mis cosas, que los amantes se escondían, que no se hablaba de ellos, por supuesto todas mis relaciones han sido de amasiato... y ante esto que e me decía... le dije, -papá, tu me enseñaste a ser honesto a no mentir- se quedo callado, seguramente le dolió, pero no podía ser otra persona. sencillamente era quien soy, y asumí vivir la vida asi, y lo hago con plenitud,... a veces con pesar, pero siempre es mas lo que he ganado, que lo que he perdido.Este retrato me gusta mucho. esta en Argentina, en Córdoba, en casa de Silvia Morón.






