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jueves, 8 de agosto de 2013

Mis hermanos de sangre, mis hermanos varones...

 Pocas veces hablo de mis hermanos, creo que tengo mucha más presencia de mis hermanas en mi vida que de ellos. Pero sólo somos tres varones en una familia de 8 hijos, o más bien, sólo somos ahora dos varones después de la muerte de mi hermano Alejandro. Radames y yo somos los más chicos de todos, los que estuvimos en el mismo colegio, y que de alguna forma compartimos muchas aventuras de nuestro crecimiento. Y queriendo o no, de adultos, hemos tenido una convivencia y entendimiento, mucho mayor que el que tuvimos de niños. 

Por eso, ahora que mi hermano Radames enfermó, me asusté tanto, pasaron pensamientos de perdidas, azuzados por la perdida reciente de mi hermano Alejandro. La posibilidad de una perdida más en mi familia de un miembro tan joven, se asustó. Afortunadamente tuvo buena atención médica, y él, mi hermano, una actitud positiva y abierta para recuperarse. Me siento contento y si bien todo esto me perturbó al punto de no poder hacer nada más que esperar que él se recuperara. 
Sin duda ha sido un tiempo de mucha reflexión para entender la importancia del amor filial. Sigo sintiendo mucho la ausencia de mi hermano Alejandro... y después de haberme quitado el enojo de su muerte, he podido ver cuantas cosas buenas tuve con él, cuantas cosas aprendí de él y cuantas cosas su trabajo como arquitecto inspiraron mi trabajo creativo. Pero ahora están mis hermanas y mi hermano el más chico; Radames, quién no quiero perder en tonterías de malentendidos, la oportunidad de sentirme parte de lago tan importante como es el lazo familiar de sangre que tengo con él, con ellas, con mis hermanos que finalmente, sé que cuento con ellos en cualquier aspecto de mi vida, lo entiendan o no ahí están, ahí están ellas, siempre, ahí están Leticia y Carmen, siempre, y mi hermano Radames, que por ahora, está recuperándose y dispuesto a sentirse mejor y a vivir la vida que es una oportunidad única de sentir, percibir y aprender.