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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Don Rafa... mi papá.

No voy a escribir sobre cuanto extraño a mi padre. Ni que a mi me tocó cerrar sus ojos y decirle a mi madre y hermanos que mi papá, finalmente se había ido del hospital y de la vida. De lo que quiero hablar es de el gran hombre que fue. Hijo de una família dividida, de creencias protestantes, Mi padre a pesar de la poca escolaridad que tuvo, sin duda, era un hombre muy inteligente. Al menos, mucho más que los que conozco con posgrados. Se convirtió al catolicismo, sólo por qué la família adoptiva de mi madre se lo pidió para casarese con ella... Así que, sin dejar sus creencias, se casó y sabiamente entre los dos, decidieron no darnos instrucción religiosa, pero si una instrucción ética de la vida. Como todos los de su generación, creció con prejuicios inherentes a su clase y su condición, sin embargo, siempre supo lo que era mejor para todos los que él quería y si bien, no entendía algunas cosas, siempre se esforzó por respetar... Sus esfuerzos eran enormes... y siempre o casi siempre en contra de sus propias creencias. 

Tener un hijo como yo, no fue precisamente lo que siempre quiso... sin embargo, nunca dejo de estar pendiente de mi, aun a la distancia... intentó entender y puedo decir que sintió cierto orgullo aunque nunca me lo dijo. Sé, que siempre que alguien que se le acercará a pedirle ayuda, siempre o casi siempre se las dió, los escucho y aconsejo de la mejor manera que él creía. Incluso a mi mismo, sin aceptar quién era yo, siempre  busco que yo estuviera bien.

Mi padre murió con total conciencia, murió en paz, murió siendo auto suficiente, murió amado por su mujer, amado por sus hijos, amado por sus vecinos, amado por mi. Y fue el primer gran dolor de mi vida,  De él aprendí el arte, pese a si mismo, el gusto por los museos, por los libros, por la fantasía. Y siempre lamentaré que en la última exposición él se haya sentido responsable por lo que yo reflejaba en mis cuadros... 

Hoy celebro esa vida que tanto me enseño, celebro los 75 años de su existencia... celebro y doy gracias a Dios, por haber sido su hijo. su gallo, su pipís, como siempre me dijo. Han pasado 15 años desde que partió y cada año, hago remembranzas de la vida que tuvo. Cada año enciendo una vela por él y por mi madre y cada año, con los años que voy teniendo, lo sigo extrañando aun más.