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miércoles, 16 de julio de 2014

Todo es negro.

Siempre he creído que las relaciones se construyen y nada se da de manera espontanea... Cuando era niño, tenía la impresión de que mi hermana Blanca quería más a mi hermano Radames... y eso siempre me mantuvo alejado de ella... Pero los años, la madures y  la soledad, nos unieron. Cuando ella se divorció, de pronto, ya no era la chica que vivía acomodadamente en una colonia prestigiosa de la ciudad y me acerqué a ella... Comenzamos a salir al cine y a comer en los restaurantes vegetarianos que nos encontrábamos, ella descubrió "Enya" y yo le regalaba cuanta música encontraba de ella... me contaba sus cosas, sus frustraciones y la ilusión que le hacía tener de nuevo a alguien para ella. Yo era muy joven, 12 años menor y a veces me sorprendía que me contara cosas. Compartimos un departamento en algún momento de nuestras vidas... y aun que siempre tuvo un carácter muy fuerte e imperativo pudimos sobrellevar la relación. Conoció a Lázaro, hasta se iba a bailar con él cuando yo no quería ir a las fiestas de ella... Nunca me juzgo.
La muerte de mis padres fue un golpe muy duro para todos... especialmente para ella que sentía no había cumplido con su parte con ellos. Eso la transformo en un ser distante, triste, sin luz, sin nada por qué vivir y se encerró en ella misma. Yo no hice mucho o nada... respeté su silencio, respeté su distancia.... Sin embargo cuando caí enfermo, fue a verme, y me llevó manzanas, jugos, cada miércoles que ella descansaba se iba a desayunar conmigo, cada miércoles estuvo ahí. -Voy a ver a mi hermano- decía... Una vez, me acompañó al médico y se sentó en la sala de espera, silenciosa,    callada mirando todo el universo de enfermedad y locura que se vive en la clínica sin decirme nada.  En esos entonces se cruzó la celebración del 15 de septiembre, hizo chiles en nogada y me animo a comerme uno... La comida para ella como para mis demás hermanas, era una  manera de halagar y de querer a los demás. Los llevó a Casa de Lety, dónde estaba asilado. 

 De ese tiempo la última vez, cuando yo ya había decidido regresar a casa... nos vimos para irnos a desayunar al café que me gusta tanto ir a mi. La acompañé al mercado a comprar las viandas para su casa, me compró manzanas,  y nos despedimos en la parada del autobús, fue la última vez que salimos juntos,... hace ya 4 años.
Mi gran pretexto para haberme mantenido distante fue mi necesidad de recuperación, mi necesidad de volver a la normalidad después de haber estado tan cerca de caer más, mi miedo a morir enfermo... Esa es mi conclusión  y mi pretexto. Estos 4 años hablamos muy poco, Ella se encerró más y más y en los intentos que tuve se negaba al teléfono, pero yo nunca hice nada por ir a verla, Asumí que si no quería ver a nadie, debía respetar eso. El año pasado cuando Alejandro murió, apenas hace un mes de cumplirse el año. La miré, callada, ausente, con la mirada perdida y con frases que me hacían enojar más. -Mira, mi mamá quería más a Alejandro, por eso se lo llevaron antes que a mi- decía ella...  Eso provocaba que mi sangré se revelara, que me saliera lumbre por los ojos, yo quería vivir y ella morir, no entendí que necesitaba ayuda... no supe dársela, no supe.

Me duele mucho que haya caído en cama y que nos enteráramos hasta a penas hace 2 meses... me duele y me recrimino no haberla buscado, haberme conformado sólo con preguntar a su hija por ella... Me duele haber sido tan egoísta y cerrar los ojos y mirar sólo mi salud. .  Ya no vale nada, ya no vale decir lo siento... ya no vale de nada. 

En estos dos meses tuve la oportunidad de verla de nuevo, de hablar y de decirnos cosas..me da un  poco de tranquilidad haber hablado con ella... haberle dicho lo que pensaba. Aun recuerdo como corrían sus mejillas ante la posibilidad de morir y de no levantarse de la cama. Su impotencia y enojo por estar en una cama de hospital lejos de su casa de su tele, de su hija y sus cosas... de mirarse en el espejo tan delgada, tan anciana, tan acabada. 

Enterrar un hermano ha sido algo que ha venido a cambiar mi percepción de la vida... mi sangre comienza a morir. Con la muerte de Alejandro tengo muy claro que mi sangre... comienza a morir y a dejar este mundo. Enterrar a mi hermana ahora con a penas un año de diferencia es un dolor inmenso que tengo en  mi pecho. No paro de llorar y de sentir una tristeza que no recuerdo haber sentido con la muerte de mis padres. Me duele todo el cuerpo, me duele la cabeza... y quiero dejar de llorar. Me gustaría tanto creer en todo lo que me dicen... Yo sólo sé que ella ya no está. que ya no existe que su cuerpo está inerte sin vida, ahí, abajo, con tanta tierra fría encima... con los restos de mi madre y mi hermano.

Sé también que dejó de sufrir y de llorar... ya está dónde ella quería estar. Terminó su dolor y su tristeza... ya terminó Gil, ya terminó.

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