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sábado, 26 de julio de 2014

Un perro caminando junto a mi.

Ayer vencí mi miedo a salir solo de noche, tenía tantas ganas de ver la película de los simios que no me resistí cuando me enteré que la estaban dando en el cine de mi barrio... Bueno a decir verdad,  está a 20 min caminando de mi casa. Y como no me gusta ir a las plazas comerciales por la cantidad de gente que va de "paseo", decidí irme a la última función. Así que tuve que tomar el medicamento estando en la sala... Me llevé mi agua y me senté a ver la película. Éstas historias siempre me han causado cierta fascinación y el personaje de "Cesar" es tan -sin lugar- que me identifico mucho...  Disfruté mucho la película y trate de tener los ojos abiertos cuando hay muertes y peleas... siempre me impactan, por más que sé que es ficción, no deja de impactarme tanta violencia... Ésta historia desde niño me ha gustado mucho... he visto todas las películas, hasta las más malas que se han hecho y me siguen gustando. Sin duda, la conciencia de la importancia de los animales ha hecho que se contemplen emociones que en las anteriores no se han planteado... Loas animales y nosotros los pensantes... queremos lo mismo; sobrevivir... y en eso se basa toda nuestra existencia. Yo mismo tengo claro que por ahora, lo único que quiero es sobrevivir, vivir bien, en paz y feliz.


A las 11 en punto sonó mi alarma... saqué mi agua y me tome la pastilla... seguí viendo la película. Y es quizás el efecto que ayudo a que todo fuera más nítido, los colores (aunque nunca estoy seguro)  los sonidos... y mi percepción.  Hubo momentos en que lloré de emoción ante algunas imágenes pero siempre estuve disfrutando... Al salir, fue cuando me entró cierto miedo. Hacía mucho que no andaba solo en la calle de noche y con el efavirenz encima... Salí por el estacionamiento de la plaza, ya era más de la una de la mañana y la caminata hasta la salida se me hizo eterna. Pero en la calle algo pasó que dicho sea de paso, no es la primera vez que me sucede en la vida... Vi a un perro oscuro, grande que al pasar junto a él se hizo de lado por miedo... -perrito- le dije yo... y eso basto para que comenzara seguirme  a cierta distancia, pero caminó conmigo, de repente me veía de reojo, de repente lo veía yo... Estoy seguro que quien nos viera habría pensado que era mio. Yo me iba tambaleando y de tanto en tanto me detenía para estar seguro de a donde iba... el camino se me hizo larguísimo. El pero se detenía y me miraba... Se vino todo el camino conmigo. En uno de los parques que debo cruzar, estaba tan oscuro que decidí quitarme los lentes... según yo para ver mejor. Y fue cuando alguien se acercó a mi y me preguntó si necesitaba ayuda,,, -No- le dije... pero él se rió y me tomo del brazo y me preguntó que a dónde iba... Así, tomándome del brazo me ayudó a cruzar el parque, me preguntó si era mi perro... Le dije que si, que se llamaba Gilberto, se echo a reír más. -¿Tomaste?- me preguntó... -No- le respondí... pero estoy seguro que no me creyó... Ya en la luz, me dijo que siguiera caminado y saldría hasta mi calle, que si podría solo... -Claro, muchas gracias- le dije... a  él lo estaban esperando según me dijo unos amigos...  ¿Sabes Gil?, No  recuerdo su cara, no sé si me conocía o simplemente era un buen extraño que me ayudó.  Y el perro, seguía caminando junto a mi. 

Al llegar a casa, ya eran cerca de las 2 de la mañana... el perro como si supiera se detuvo, me despedí y se dio la vuelta y camino... Me acordé que no era la primera vez que algo así me pasaba que un perro me acompañara de madrugada.  Cuando entré a mi estudio, casi me caigo, Uma estaba en la cama, despierta, esperándome... me movió la cola... y nos abrazamos. ¡como quiero a mi hija! El mareo ya era imparable y comenzaban a zumbarme los oídos, me desnudé, me puse la pijama, me lave y me metí a la cama... me sentí feliz de estar con Uma de nuevo, seguro y en paz.